Cuando alguién emprende un viaje lo que pretende es enriquecer su espíritu mediante el conocimiento de una nueva cultura, una gastronomía distinta y un paisaje, natural o urbano, diferente. Pues bien, mi viaje a Túnez ha cumplido todas esas expectativas. Con este post, inicio una serie (que no necesariamente tienen que ser seguidos, para no aburrir al personal), en la que pretendo compartir con vosostros esta enriquecedora visita.
Al contratar el viaje, decidimos tomar tres días de excursión organizada a las puertas del desierto (pensabamos que ir por nuestra cuenta podía ser peligroso) y cinco días en Hammamet para movernos por nuestra cuenta por Tunisia, Hammamet o Cartago.
Los primeros días, los de la excursión organizada, fueron los peores porque, aunque el paisaje natural era espectacular, el hecho de ir como un rebaño de turistas no me agradó demasiado. Además, el autobús era un perfecto reclamo para que todos los vendedores de la zona (la más deprimida del pais) te acosaran nada más bajar, además de los niños que parecía amaestrados para pedirte una estilográfica, un caramelo y un dinnar. No obstante, en el tiempo de las excursiones opcionales, que no cogimos ninguna, empezamos a tener un contacto más real con la gente del lugar. En concreto estuvimos en Nefta paseando por las calles (sin asfaltar y llenas de arena del desierto), viendo las carnicerías de camellos y corderos, sentándonos en la plaza del pueblo viendo como los comerciantes preparaban sus puestos, etc...
Una vez en Hammamet, ciudad a 60 km de Tunisia, la cosa cambió. El primer día decidimos descansar de la paliza de los días anteriores y pasamos la mañana en la playa, bañándonos en el Mediterráneo. Por la tarde nos fuimos a la ciudad vieja de Hammamet para ver su medina y su mezquita. Ahí pudimos observar, por primera vez, como era una de estas medinas, los zocos los olores y el regateo, introduciéndonos en lo que realmente sería la parte más enriquecedora del viaje y que dejo para siguientes post.
PD - En el siguiente episodio: kaiurán, Tunisia, Cartago y el transporte público nacional.